El impulso del hidrógeno verde en Chile ha recibido un nuevo revés. El ministro de Energía, Diego Pardow, anunció que el gobierno ajustará a la baja sus metas de producción para este vector energético dentro del actual periodo presidencial, que culmina en marzo de 2026.
Según explicó Pardow a la agencia Reuters, el mercado internacional del hidrógeno verde muestra señales de ralentización, lo que ha obligado a varios países -incluidos miembros de la Unión Europea- a reducir sus proyecciones. Chile no sería la excepción. El ajuste será formalizado en los próximos meses y busca “alinearse con las condiciones del mercado internacional”, en palabras del ministro.
Este nuevo golpe al plan nacional de hidrógeno verde se da en medio de una realidad compleja para los grandes proyectos del sector, particularmente aquí en Magallanes, donde se concentran las mayores iniciativas de inversión. Los tres principales proyectos -incluyendo los de HIF Global, Total Eren y Enel Green Power- han debido solicitar más plazo para responder a la extensa lista de observaciones que surgieron durante sus procesos de evaluación ambiental.
En total, hay más de US$ 40.000 millones en proyectos de hidrógeno en distintas etapas de evaluación en el país, y Magallanes es el epicentro. Sin embargo, los retrasos acumulados evidencian que el despliegue de esta industria enfrenta más obstáculos de los previstos.
Pardow mencionó que existen iniciativas que ya cuentan con permisos ambientales o están cerca de obtenerlos, lo que permitiría avanzar hacia una escala comercial. Además, el gobierno está promoviendo un proyecto de ley que contempla créditos tributarios por US$ 3.000 millones para impulsar iniciativas de menor escala.
Apoyo con una mano, trabas con la otra
Las señales del Ejecutivo han generado confusión entre los inversionistas y actores de la industria. Por un lado, el gobierno ha comprometido recursos millonarios en subsidios, incentivos fiscales y promoción internacional del hidrógeno verde como motor de desarrollo. Pero al mismo tiempo, el sistema de evaluación ambiental ha sido duramente criticado por su lentitud, ambigüedad y exceso de exigencias técnicas, que en la práctica han dificultado el avance de los proyectos más ambiciosos.
En el caso de Magallanes, los tres grandes proyectos estratégicos enfrentaron un aluvión de observaciones durante su tramitación ambiental, lo que obligó a extender plazos y reformular partes sustantivas de sus planes. Las empresas han manifestado preocupación por los criterios cambiantes y la falta de lineamientos técnicos claros, mientras el gobierno insiste en que se debe asegurar el cumplimiento de estándares medioambientales y sociales, sumando ahora la baja en las metas.
Este doble discurso -incentivar la inversión mientras se endurecen las exigencias regulatorias- ha puesto en entredicho la consistencia de la estrategia nacional de hidrógeno verde. En un contexto de enfriamiento global del sector, la falta de certeza jurídica y política podría hacer que Chile pierda competitividad frente a otros mercados que también compiten por atraer capital y tecnología.
El contexto internacional tampoco es alentador. De acuerdo con un informe reciente del Hydrogen Council, cerca de 50 proyectos han sido cancelados públicamente en los últimos 18 meses, debido a los altos costos, las demoras en políticas públicas y las elevadas tasas de interés. Estos representan un 3% del total de iniciativas planificadas a nivel global.
Pese a todo, el sector no ha perdido dinamismo del todo: la industria global del hidrógeno ha superado los US$ 110.000 millones en inversiones este año, lo que representa un aumento de US$35.000 millones respecto al año anterior. Desde 2020, la tasa de crecimiento de inversiones comprometidas ha sido del 50% anual en promedio.
Aun así, en regiones como Magallanes -donde se apuesta fuerte por el hidrógeno verde como nuevo motor económico- las señales siguen siendo mixtas. La falta de certezas regulatorias, las observaciones ambientales pendientes y ahora el recorte oficial de metas, plantean dudas sobre la velocidad con que Chile podrá cumplir su promesa de liderazgo global en esta industria emergente.