Según cifras recogidas a nivel central, la mayoría de los postulantes a La Moneda obtuvo resultados suficientes como para reembolsar una fracción significativa de sus gastos. Pero existen dos excepciones que no lograrían cubrir sus compromisos financieros: Harold Mayne-Nicholls y Marco Enríquez-Ominami (ME-O).
Harold Mayne-Nicholls: El expresidente de la ANFP obtuvo solo el de los votos, cifra que se traduce en un reembolso aproximado de millones de pesos. Sin embargo, su campaña fue financiada con un crédito de $559,4 millones, solicitado al BancoEstado, lo que significa que no podrá cubrir ni la mitad de su deuda, quedando con un importante saldo impago.
Marco Enríquez-Ominami: ME-O enfrenta un escenario similar. Su campaña se sostuvo en dos créditos que suman $598 millones, pero solo obtuvo el de las preferencias, lo que equivale a $245 millones en reembolsos. También queda con una deuda considerable, superior a millones, que deberá asumir fuera del mecanismo de financiamiento electoral.
El mecanismo de devolución por voto actúa como una herramienta destinada a evitar que las campañas dependan exclusivamente de grandes aportes privados. Sin embargo, su eficacia depende directamente del desempeño electoral: a mayor votación, mayor reembolso; a menor votación, mayor carga financiera.
La alta proporción de créditos —más del del total de ingresos de las campañas en esta elección— vuelve a instalar el debate sobre la sostenibilidad del modelo, los riesgos de endeudamiento personal de los candidatos y la necesidad de revisar límites, incentivos y reglas de transparencia.
El Servel continuará revisando las rendiciones en las próximas semanas, proceso clave para determinar los montos finales a reembolsar.