El 2026 ha comenzado con una presión sin precedentes sobre la industria del Hidrógeno Verde (H2V) en la región. Para el gremio que agrupa a los principales desarrolladores, este periodo no es uno más, sino el punto de inflexión definitivo donde las promesas de transformación energética deberán transformarse en realidades administrativas y comerciales.
Salvador Harambour, director ejecutivo de la Asociación H2V Magallanes, fue enfático al señalar que el éxito de esta "industria del futuro" en la Patagonia depende de la agilidad con la que el Estado y las empresas resuelvan los nudos críticos en materia ambiental y regulatoria durante este año.
Para que Magallanes se convierta efectivamente en la capital mundial del hidrógeno, el gremio identificó tres hitos ineludibles para el 2026:
Luz verde ambiental: El gran objetivo es que, antes de que termine el 2026, al menos un megaproyecto de escala global obtenga su Resolución de Calificación Ambiental (RCA). Esto enviaría una señal potente de que Chile es capaz de tramitar proyectos complejos.
Reglas del juego claras: Harambour hizo un llamado directo al Gobierno para entregar certeza jurídica. Las inversiones en H2V son de largo aliento y requieren un marco normativo estable que no cambie a mitad de camino.
Capturar la demanda global: Con Europa y Asia acelerando su descarbonización, el amoníaco verde magallánico tiene una ventana de oportunidad que no durará para siempre ante la competencia de otros mercados como Australia o Namibia.
Actualmente, la asociación reúne a los gigantes energéticos que ya tienen sus fichas puestas en las pampas magallánicas:
HNH Energy
TotalEnergies H2
TEG Chile
Consorcio Austral
Acciona & Nordex Green Hydrogen
“Estamos ciertos de que contaremos con el apoyo de la comunidad y de las autoridades para avanzar en la industrialización. Seguimos trabajando para mejorar la competitividad de la región”, afirmó Harambour.
Más allá de las cifras de exportación, el gran reto para el 2026 es que la comunidad de Punta Arenas, Puerto Natales y Porvenir perciba los beneficios. Esto implica que el avance de estos proyectos debe traducirse en empleo calificado, mejora de infraestructura portuaria y encadenamiento productivo con las pymes locales.
El potencial eólico de Magallanes es indiscutible; ahora, el 2026 dictará si Chile tiene la capacidad institucional para convertir ese viento en una industria competitiva y sostenible.