El Salón de Alejandro del Gran Palacio del Kremlin fue el escenario donde el presidente Vladimir Putin reapareció públicamente para fijar la postura de Rusia ante un orden mundial que calificó de "deteriorado". Ante los nuevos embajadores de 28 países, el mandatario ruso diagnosticó una intensificación de los conflictos de larga data y el surgimiento de nuevos focos de tensión, apuntando indirectamente a la política exterior de Donald Trump.
Pese a la expectación internacional, Putin mantuvo un hermetismo absoluto sobre el arresto de su aliado Nicolás Maduro a manos de fuerzas estadounidenses y la ola de protestas que sacude a Irán, dos de los pilares de la influencia rusa fuera de su frontera cercana.
Putin arremetió contra lo que denominó "un monólogo de quienes consideran permisible imponer su voluntad". En una clara alusión a Washington, defendió el concepto de un mundo multipolar donde no existan órdenes unilaterales.
Mientras ignoraba la situación en Caracas, Putin reafirmó su compromiso inquebrantable con Cuba. Al recibir al nuevo embajador cubano, Enrique Orta González, destacó que la isla cuenta con todo el apoyo ruso para defender su soberanía. Asimismo, marcó un hito diplomático al recibir formalmente al embajador de los talibanes, abogando por un Afganistán libre de terrorismo y narcotráfico.
Respecto a la guerra en Ucrania, el líder ruso culpó nuevamente a la expansión de la OTAN hacia el Este y al "menosprecio" de Occidente por los intereses de seguridad rusos. No obstante, dejó la puerta abierta a la diplomacia:
Se mostró dispuesto a recibir a los emisarios de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, para analizar el plan de paz estadounidense.
Llamó a retomar el debate para una seguridad global que sea "satisfactoria para todos".
En la ceremonia de presentación de credenciales, destacaron los representantes de varios países de la región, lo que subraya el interés de Moscú por mantener canales abiertos con el continente en medio de la crisis venezolana:
Brasil
Colombia
Perú
Uruguay
Cuba (especial mención por parte de Putin)
El mutismo de Putin sobre Venezuela es interpretado por analistas como una señal de cautela. Tras recibir a Maduro en mayo pasado en el Kremlin, el arresto del mandatario por fuerzas especiales de EE. UU. el pasado 3 de enero representa un desafío directo a la protección que Rusia solía proyectar sobre sus aliados. El silencio podría indicar que Moscú está evaluando su capacidad de respuesta o negociando términos bajo cuerda con la administración Trump.