El verano en Magallanes guarda un secreto que, año tras año, conquista corazones: la floración de los chochos o lupinos. Estas flores, que pintan los campos con tonos lilas, azules, rosados y blancos, convierten el paisaje patagónico en un lienzo vivo que invita a detenerse, respirar profundo y maravillarse.
En el sector sur de Punta Arenas, especialmente a la altura del Puente Tres Brazos, kilómetro 13, cientos de personas han llegado durante estos días para recorrer los senderos improvisados entre flores, tomarse fotografías y compartir momentos al aire libre. Familias, parejas y grupos de amigos disfrutan de un entorno que parece sacado de un cuento, donde el color rompe con la austeridad del paisaje austral.
Aunque los lupinos fueron introducidos hace décadas, hoy forman parte inseparable de la identidad visual del verano magallánico. La llamada Ruta de los Chochos se ha consolidado como un atractivo turístico espontáneo, que no solo regala postales inolvidables, sino también una conexión emocional con la naturaleza.
Cada temporada estival, estas flores recuerdan que la Patagonia no es solo viento, frío y mar, sino también color, vida y ternura. Un espectáculo efímero que merece ser vivido, cuidado y compartido.