La sobreviviente de uno de los casos más estremecedores de violencia de género ocurridos en Puerto Natales decidió hablar públicamente luego de conocer que la defensa del agresor condenado intenta anular el juicio que lo sentenció a 26 años de prisión. “No estoy de acuerdo con que repitan el juicio. Esta persona no solo intentó quitarme la vida, me torturó y me dejó marcas que no se ven”, expresó.
El ataque comenzó tras un rechazo por mensajería hacia un hombre que ella ni siquiera conocía personalmente. Según su testimonio, el agresor llegó hasta su domicilio con un plan previamente estructurado. “Llevaba todo; las cintas, las cuerdas, el cuchillo”, relató. Solo la llegada oportuna de Carabineros evitó un desenlace fatal, luego de que la víctima lograra ganar tiempo fingiendo colaborar. “Salí amarrada de manos y pies, y tenía una soga en el cuello”, recordó.
Abandono institucional y revictimización
A pesar de la gravedad de los hechos, la mujer denuncia haber quedado completamente desprotegida tras el ataque. “No estoy con tratamiento, no estoy con psicólogo, ya que no he recibido ningún tipo de ayuda del Estado”, afirmó, señalando un profundo abandono por parte de las instituciones.
También acusa haber sido revictimizada desde el inicio del proceso, luego de que algunos funcionarios sugirieran que existía una relación de pareja con su agresor. “Esa persona no es mi pareja, yo nunca lo había visto en mi vida”, sostuvo categóricamente. Además, denuncia la desaparición de evidencia clave, como registros audiovisuales y conversaciones de su teléfono que estaban bajo custodia policial.
Un antes y un después
Antes del ataque, la víctima estudiaba Trabajo Social, trabajaba y era el sustento de su familia. Hoy, ha debido abandonar sus estudios y vive con las secuelas psicológicas de una experiencia que describe como tortura. “Mi vida cambió por completo, y nadie se ha hecho cargo de ayudarme a sanar”, lamentó.
Su mayor temor ahora está puesto en la resolución de la Corte de Apelaciones. “Encuentro inaceptable y reprochable que intenten bajarle la sentencia, intentar minimizar lo que hizo”, expresó. Agregó que su preocupación no es solo personal: “Es un peligro para la sociedad, esa persona no debe estar libre… mañana puede ser una niña que vaya al colegio o un familiar de los mismos jueces”.
Según su testimonio, el condenado ya registraba causas previas por violencia intrafamiliar y violación, lo que refuerza su llamado a mantener la máxima severidad en la pena impuesta.
Cabe recordar que el sujeto fue condenado a un total de 26 años de cárcel, 13 por femicidio frustrado y 13 por el delito de violación.
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