
El ver amenazado un recurso tan imprescindible para Magallanes, como lo es el gas domiciliario, hizo que la región entera sintiera el deber de manifestarse en contra del alza. El corte de la Ruta 9 Norte, en el sector de avenida Eduardo Frei en Punta Arenas, fue el punto de mayor convocatoria de personas que se adhirieron a la movilización en contra del alza del gas. Las historias humanas de quienes permanecieron todos los días de paro regional en ese sector brotan espontáneamente y con el reconocimiento de quienes vieron cómo personas se convirtieron en íconos de fortaleza y constancia.
Chofer de colectivo
Richard Figueroa, conductor de la línea 17 rosada, permaneció en la movilización desde su comienzo, y cuenta orgulloso algunas de sus vivencias en el lugar: “Ha sido una tarea dura, el clima es típico de nuestra región, hemos tenidos sólo un par de días soleados y el resto ha sido lluvia y frío”, dijo. Figueroa admite que han pasado momentos muy difíciles, pero lo que no entiende es la posición que ha tom el Gobierno. “Me molesta la incoherencia del Estado y la poca responsabilidad con lo que ha pasado, han tapado la movilización con mentiras y hemos visto como han intentado envolver a la gente para provocar el quiebre entre los que nos manifestamos”, señaló.
La paralización ha golpeado el aspecto económico del gremio de la locomoción colectiva, pero Figueroa destaca que aún ni siquiera se han puesto a pensar en eso: “Cuando uno se propone algo y está luchando por un ideal, se dejan muchas cosas de lado. Y encontraremos los medios, en su momento, para poder llevar el alimento a los hijos. Pero ahora la preocupación es mantenernos firmes hasta que se concreten las cosas que estamos pidiendo, y si esto no se soluciona ahora, y hay que estar una semana más o un mes, ya estamos en esto, y hay que llegar hasta el final”, dijo.
Al comentar algunos de los momentos inolvidables , el chofer no dudó en decir: “La unión es lo más importante, lo más lindo que se ha conseguido, es que sin importar el gremio o la condición económica todos se unieron, ya que mucha gente de buen pasar económico estuvo acá con nosotros, apoyándonos, poniendo leña al fuego y mojándose, eso es lo que nunca olvidaré”.
Cocineras
Gloria Muñoz, dueña de casa y chofer de colectivo, ha estado desde un comienzo de la movilización a cargo de la cocina que se organizó en el lugar. Llegó a la toma de Tres Puentes casi por casualidad, y se sumó a sus colegas gremiales sin pensarlo. “Me ha sorprendido el espíritu solidario de los magallánicos, la calidad de gente que hay en mi región. Me siento orgullosa de ser de Magallanes”, señaló. Además, contó su experiencia durante los últimos siete días: “Siempre me trataron con respeto, nos venían a ayudar, nos traían víveres y agua, que aunque parezca increíble, tres litros de agua acá significaban mucho. Quisiera poder agradecer a todos los que vinieron y trajeron algo, por poco que haya sido, se tomaron la molestia y el compromiso para llegar con su cooperación. Eso ha sido muy lindo”, señaló.
Durante los días de la toma, esta mujer sólo fue a su casa algunas horas para compartir con su familia, momentos que debió interrumpir al recibir una llamada desde el corte carretero que la hizo salir rápidamente desde su casa. “Mi hijo Héctor ha estado conmigo acompañándome, mientras que mi marido y mis otros hijos se han quedado en casa, y sé que se deben sentirse orgullosos, si no ya hace rato me hubiesen ido a buscar, pero me llamaban para preguntar cómo estoy y para darme ánimo”, manifestó Muñoz.
Con los ojos enrojecidos narró: “Una noche dos mujeres muy humildes se me acercaron para pedirme disculpas por no poder traer ninguna cooperación, pero que agradecían todo el esfuerzo que habíamos hecho en la cocina. La verdad es que no entendía por qué me decían eso, si las cooperaciones eran totalmente voluntarias. Entonces una de ellas sacó de su bolsillo un pequeño espejo con un corazón y me lo regaló. Tal vez no tenga un gran precio en dinero, pero para mí, tiene un tremendo valor espiritual. Este espejito se va a ir a mi colectivo para que lo vea todos los días”.
Luisa Alvarado es una dueña de casa que junto a su marido participaron de la toma de la ruta desde el primer día, y junto a Gloria Muñoz tomaron la tarea de administrar la alimentación para los que estaban en el corte.
“Cuando llegamos todavía no había organización en la cocina, y junto con las señoras empezamos a movernos y a administrar todas las donaciones que la gente hacía llegar”, contó Luisa Alvarado. “Es tanto el compromiso que estar aquí, es como una obligación, y aunque yo iba seguido a mi casa, tenía la necesidad de volver a cooperar con mis compañeras, con las que pasando los días uno empieza a hacerse amiga”, dijo con emoción.
Alvarado confesó, además, que “la última negociación fallida que hubo casi me hizo caer los brazos, pero fue mi marido que me dijo: ‘Ya has llegado hasta aquí, no te rindas ahora’, así es que me levanté y volví a la cocina del campamento”.
Camioneros
Por su parte, Hugo Bedacarratz, se dedica al transporte y reconoce que “no tendría mayor complicación en pagar un alza, pero el compromiso con los compañeros, con la gente con la región es lo que nos hace estar aquí, con frío, cansados y aguantando que la gente lo vea a uno como el malo de la película, pero históricamente, ese es nuestro papel, ser el brazo duro de la comunidad”.
Agregó que “yo pertenezco a la Asoducam (Asociación de Dueños de Camiones), y cuando hemos necesitado el apoyo de la ciudadanía han estado con nosotros, y ahora, que la gente necesita de nosotros la asociación le ha dado la espalda, por eso estoy acá, como independientes, ya que la agrupación no se ha hecho presente”, comentó el transportista.
“Es lamentable la desunión que existe en los gremios. Ha quedado en evidencia con esta movilización, pero el apego que se consiguió entre los diferentes rubros en este lugar es lo que más rescato de este paro”, dijo.
Otro transportista es Mario Fernández, quien estuvo cada día frente al pórtico del bloqueo recibiendo insultos y malos tratos de todo aquel que intentaba pasar por ese lugar, sin embargo, en todas las jornadas sólo acudió una vez a su casa a cambiarse de ropa, el resto del tiempo permaneció en la toma.
Cansado y bajo un fuerte aguacero, Fernández relató: “Ha sido muy duro estar todos estos días acá. La otra noche cuando no se llegó a acuerdo, hubo que contener los ánimos, porque estuvo muy complicado. Se descontroló la gente, venían conductores que querían pasar al aeropuerto y bueno, hubo que controlar la situación para que no pasara a mayores”. Concuerda con Bedacarratz al decir que “me molesta que el transporte no sea unido, si hubiéramos estado más comprometidos entre todos, esto ya estaría solucionado, pero aquí estamos, hasta el final”.
Muy emocionado el transportista contó lo que para él marcará por mucho tiempo su memoria. “Una pareja de adultos mayores necesitaban llegar al aeropuerto, ya que por problemas de salud, la anciana necesitaba viajar a Santiago. Ante la negativa de los que estábamos ahí, el hombre bajo del vehículo y en medio del llanto nos suplicó poder pasar. Fue ahí cuando nos dimos cuenta lo que estábamos viviendo, la dureza que nos habían obligado a utilizar. El hombre llegó al terminal aéreo, y cuando regresó se bajó de su camioneta, nos abrazó y con lágrimas nos agradeció lo que había hecho, los que estábamos ahí no pudimos aguantar el llanto”, recordó Fernández.
Cinco testimonios de quienes fueron protagonistas de la movilización más importante de Magallanes.