
El obispo Bernardo Bastres, quien partió en este movimiento como un “facilitador”, fue largamente aplaudido por la gente cuando se retiró de la intendencia. Incluso alguien le regaló una bandera de Magallanes, la que agitó a medida que avanzaba rumbo al obispado. Manifestó su conformidad con el retiro de las querellas, gesto que agradeció, en base al espíritu que reina localmente. También dejó la mesa con plena satisfacción por el acuerdo al que se arribó. Como lección final destacó el diálogo, “porque cuando fui a Santiago dije que tras el clamor del gas está el clamor de la gente a ser escuchada. Y una de las cosas importantes del gobernante es que debe saber escuchar”.