
Los comentarios que rondaban en la arena política local, previo a haberse desatado el conflicto por el gas, daban cuenta de que ya existía un escaso fiato entre Liliana Kusanovic y Vilicic, el que venía desde un principio de la gestión, porque para nadie es novedad que el posicionamiento político lo tenía Vilicic y, con ello, la proximidad con la ciudadanía de la que la intendenta siempre careció por ser más “técnica”, lo que le habría venido como anillo al dedo durante el transcurso de la crisis que no tomó en consideración opiniones políticas, nada más que una decisión centralista que, a su juicio y de acuerdo a sus últimos dichos, habría dejado al debe al Gobierno Regional (GORE) y con un mea culpa de un mal manejo comunicacional por no haber sabido transmitir a La Moneda, la sensibilidad del tema del gas para la comunidad magallánica.
Sin embargo, el perceptible distanciamiento con RN, no sólo sería causa del factor Vilicic, sino de un sentir generalizado de la colectividad a nivel nacional relacionado con que, desde la partida del Gobierno del Presidente Sebastián Piñera, ninguno de los dos partidos de la Alianza se sintió parte de la toma de decisiones de la administración. El conflicto por el gas en Magallanes y el caso Van Rysselberghe son sólo algunos ejemplos de que la colectividad -pese a ser la que está a la cabeza- no gravita en las determinaciones de La Moneda, lo que a nivel local, sucede con el GORE.
De esta forma, a RN se le impone una doble complejidad por su relación con la “Moneda Chica”, debido a que el salir a la defensa de la máxima autoridad provincial tras sus declaraciones, no impide que la opinión pública vea un quiebre del oficialismo en la región, lo que lógicamente no pretenden demostrar en términos de un futuro político fructífero para el conglomerado. Pero, asimismo, también se sienten pagando el costo por una situación que se pudiese haber evitado y que en nada armoniza con el lazo que se tiene con el propio Mandatario, que es ser precisamente uno de sus militantes.