En el marco de la Expedición Científica Antártica 2011, que cada año organiza el Instituto Antártico Chileno (Inach), luego de un mes de trabajo, culminó el sábado pasado la última de las investigaciones que científicos nacionales desarrollan en dicho continente. Se trata del proyecto del oceanógrafo Ernesto Molina Balari, que con el patrocinio de la Universidad Tecnológica de Sydney, investigó las respuestas fotosintéticas de microalgas, presentes en el hielo marino, previo a lo cual el investigador debió estudiar los ecosistemas planctónicos en dos sectores del continente blanco: la Península Antártica y el sector oriental del casquete polar.La fase de muestreo se realizó en las cercanías de la base Bernardo O’Higgins (administrada por el Ejército de Chile), aprovechando la estación del año cuando se registra la formación del hielo marino. “Esta fue la curiosidad inicial del proyecto, porque desconocemos el estado fisiológico de las microalgas antes de la hibernación; antes de que llegue el hielo, vengan las temperaturas más bajas y, fundamentalmente, se acabe la luz”, explicó Molina.
En este sentido, cabe resaltar que en todas las series de tiempo, los datos están concentrados en primavera, con muy pocos datos en otoño, cuando la superficie del continente se expande hacia amplias plataformas de mar congelado, en las cuales crecen las microalgas, que son una parte esencial de la cadena trófica polar, pues constituyen el alimento principal del krill.
Investigación
Según comenta Molina, quien fue asistido en las labores de prospección terrestre y submarina por el buzo profesional Pedro Niada; el tiempo para trabajar no era mucho, pues el sol aparecía a las 9.00 horas y se escondía a las 15 horas, situación totalmente distinta a la del verano, cuando los investigadores disponen de casi veinte horas diarias de luz.
“Lo que hicimos fue medir la luz arriba, abajo y más abajo del hielo, la profundidad promedio de los sitios de muestreo iba de los cinco a los diez metros. Cuando comenzamos a muestrear, el hielo aún no se había formado, así que muestreámos la luz dentro del agua”, indicó Molina.
Agregó: “A medida que pasaban los días, el hielo iba instalándose en las cercanías del islote Isabel Riquelme (Base O’Higgins) y ahí muestreamos de manera consecutiva, al menos, 18 días. Es decir, analizamos desde el no-hielo hasta el hielo de unos 40 cm de espesor”.
Resultados
La investigación midió propiedades ópticas, concentración de clorofila y parámetros fotosintéticos para cada una de los muestras de hielo y de agua. En tanto, para cuantificar la fotosíntesis usaron un Pulse Amplitude Modulation (PAM), equipo que mide propiedades fotosintéticas de los organismos fitoplanctónicos que viven ahí. Esto, además de la recolección de muestras de pigmentos, que ayudan a estimar la biomasa algal.
La dinámica de la construcción de la capa de hielo en la bahía cercana a la base O’Higgins fue una sorpresa para los investigadores chilenos. “Había un hielo que yo pensé que no se iba y al otro día ya no estaba, y estoy hablando de un hielo que llegaba hasta la isla del frente. También pasaba lo contrario; mientras el proceso de congelamiento es lento, el de destrucción y desaparición es instantáneo. Con un viento fuerte el hielo está en riesgo y se va, y se nos fue varias veces: estábamos listos para ir, salíamos y nada”, concluyó Molina.
