Ahora ya esto es parte de la historia y el inmueble comienza a mostrar los signos propios del abandono. Vecinos del sector están preocupados porque semana a semana son testigos del ingreso de jóvenes. El silencio que provocó la partida del hospital ahora se rompe con los ataques vandálicos.
Uno de los guardias que vigila el recinto, en turnos de 24 horas, y que pidió reserva absoluta de su nombre, dijo que frecuentemente son testigos de la destrucción de vidrios, sobre todo los viernes y sábados. Una sola persona es prácticamente poco y nada lo que puede hacer para enfrentar a 10 ó 15 jóvenes que actúan como verdaderas pandillas. “El ruido del rompimiento de vidrios es estruendoso y lamentablemente cuando llamamos a Carabineros no vienen”, lamentó una fuente.
