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Columna de Opinión

Todas íbamos a ser reinas

opinion
12/01/2021 a las 14:00
Ignacio Ortiz
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Claudio Morán Ibáñez, abogado

Se me viene a la mente la famosa poesía de Gabriela Mistral, cuando observo el inusitado interés de tanta gente de todos los niveles, por llegar a ser constituyente, es decir, ser parte de la convención que se supone redactará una nueva Constitución para Chile y que nos convertirá en un país feliz, próspero, ordenado, seguro y alegre. Observo personas con apenas enseñanza media y ninguna aproximación a lo jurídico -sí, porque cualquier Constitución en el mundo es un tema jurídico-, y también ministros de Estado y hasta senadores en ejercicio dejar sus elevados cargos para postularse a “la convención”. Es cierto que para los de elevada extracción y trayectoria, lo económico ya no es problema, dejan cargos en que ganan mucho mas que los “escuálidos” $ 2.500.000 comparados, y me gustaría pensar en que los mueve solamente el amor a la Patria y al conocimiento jurídico constitucional, ciencia política y esas cosas.

  Me gustaría poder pensar que la mayoría de los candidatos que se inscribirán el lunes saben realmente a que van, pero se no es así. Por otro lado, este “elevado” interés constitucionalista aparentemente tendrá el “castigo” de no poder optar a nuevo cargo publico hasta un par de años de terminada la convención, Bueno, sí no tiene mucho que decir en los temas y además esta sin trabajo rentable, será una oportunidad especial. La convención constituyente en realidad no tiene limitación alguna puesto es el poder originario que, como creara un instrumento que partiría “desde cero”, no queda atada por la norma de la actual constitución que la crea, de manera que la nueva constitución puede eliminar toda restricción; puede además establecer como permanente órgano del Estado una Asamblea Constituyente. En la palabrería doctrinaria de Naciones Unidas he escuchado la “necesidad” de revisar periódicamente las constituciones. Por algo en Latinoamérica rige aquel dicho que las leyes duran más que aquellas, y después pregúntense por qué estamos todos estos países marcados por un subdesarrollo eterno.

Hay poderosos intereses en el contenido del texto de una nueva constitución, por eso a la convención van varios testaferros de aquellos. Las negociaciones son de tamaño inimaginable y los poderes fácticos, tanto internos  como extranjeros están encima de asegurar que Chile se afirme bien dentro del nuevo orden mundial y renuncie a su soberanía.

A cambio se aseguraran parcelas. Quienes votaron de buena fe creyendo que era necesaria una nueva constitución para terminar con los muchos abusos y la decadencia de nuestro país, siento decirles que mientras exista el hombre habrá abusos y corrupción, preferibles malas normas con buena gente, que buenas normas con gente maleada y corrupta. Es cuestión de simple lógica: las mismas personas  responsables de tanta decadencia arrastrada  por demasiados años, solo pueden producir los mismos resultados. Más que por ignorancia en las materias, porque sus intereses son los mismos de siempre.

Y literalmente este será el negocio del siglo.

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