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Columna de opinión

Día del Sol

opinion
21/06/2022 a las 18:32
Pablo Oyarzo
980

Javier Solís, Abogado

El día de hoy estamos celebrando diversas conmemoraciones: el inicio del invierno, el día de los pueblos originarios, los santos Raúl y Luis y también a nuestro Sol, del cual nadie se puede apropiar. Los seres humanos buscamos siempre una oportunidad para hacer una pausa y recordar algo que nos motive a seguir adelante. Son tantas las necesidades del hombre y tan multitudinarias las vinculaciones en las cuales nos movemos, sea por elección o por vocación, que no alcanzan los días del año para poder distribuirlas adecuadamente.

Seguimos sin entender las razones por las cuales se ha elegido este día para celebrar al astro rey, porque él está presente en toda nuestra existencia, aun cuando esté nublado y bajo las más terribles tormentas. Siempre, allá en lo alto, estará para darnos la luz que necesitamos para vernos entre todos, para energizar la vida de cuanto ser se mueva sobre la Tierra o para permitir que el follaje contribuya a los equilibrios que se necesitan para poder respirar.

Desde siempre se ha dado al Sol la connotación de su tangible superioridad y los pueblos antiguos lo adoraban intuyendo su influencia en la vida de todo lo que los rodeaba. La observación continua llevó a las más prósperas culturas a su mayor auge al interpretar los procesos de cambios que provocaba su radiación.

A pesar de su gratuidad, siempre ha habido interés en explotarlo para el beneficio de alguien, y sabemos de la desgracia que provocó en algunos pueblos el que las castas dominantes se aprovecharen de su conocimiento para influir terror en la masa y subyugarla para mantener y perpetuar ese poder. Sabían de ciertas pautas y conocían pronósticos de los fenómenos y con ello mantenían el control. La ignorancia, el temor a lo desconocido y prohibido, la mantención en oficios agotadores para ahogarles en el desinterés y en problemas simples y cotidianos fueron el caldo de cultivo para la deformación de una sociedad.

Las noticias de un mundo convulsionado por la infinidad de conflictos que surgen en todos los continentes nos inundan de malas vibraciones y, como antaño, los que creen tener el poder de manejar los pronósticos del tiempo, unidos con todos los estamentos a su alrededor, procuran mostrar una realidad distinta a la que la energía del Sol invade.

Lo bueno e interesante que debe satisfacernos es el hecho que, con el transcurso del tiempo, con múltiples decepciones y con mucho pesar hemos aprendido, por fin, a vernos, pues reflexionamos con el verso “¿para qué es el sol que nos alumbra si no nos queremos ni mirar?”. La enorme interacción social que hoy está al servicio del hombre nos ha permitido cuestionar todas las verdades y tabúes que nos impusieron los mandamases y defensores de la historia, de la religión y del poder, y nos encontramos con la posibilidad de cuestionar libre e informadamente todo lo que nos digan.

Sin embargo, aún tenemos una parte de la sociedad que sigue atenta a los vaivenes de las verdaderas hordas comunicacionales, que se dejan llevar por las olas de los que aparentan estar descontentos, de los efectos económicos provocados, de los grados de delincuencia con que alimentan el terror a la población, los que hacen gárgaras con la amenaza de destrucción de nuestra sociedad, solo porque esta quiere tener una nueva oportunidad. Aún tenemos fundamentalistas que siguen en la ignorancia producto del lavado de cerebro de la política fría de antaño, que atribuyen todos los males al “comunismo”, lo que resulta risorio en estos tiempos. Son los que se acostumbraron a no ver al otro, al vecino, al amigo, al de otro color de piel, a pesar de que el Sol lo iluminaba con su grandilocuencia. No le quiso conocer y solo por pensar distinto lo consideró rojo, sin que en sus planes estuviere el serlo.

En fin, no importa la propaganda borrascosa. El Sol siempre, al final, sale, porque está allí y no solo nos iluminará, sino que nos abrazará con su calidez.

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