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Columna de opinión

Desde la centralidad

opinion
23/09/2022 a las 18:33
Pablo Oyarzo
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Hernán Ferreira, Abogado

Del resultado del plebiscito pasado se seguirá escribiendo por mucho tiempo y será sin duda objeto de análisis y estudio posteriores. En la historia nacional destacan hitos que de alguna manera marcaron un antes y un después y muchas veces realinean las fuerzas y el panorama político posterior. La revolución del año 1924 que dio paso a la Constitución del año 1925; la llegada al poder mediante elecciones del marxismo el 1970 con Allende a la cabeza; el Golpe Militar del año 1973 que dio por terminada la gravísima crisis institucional y económica del gobierno del gobierno marxista de la Unidad Popular; el plebiscito del año 1988 que marcó de manera democrática el término del Gobierno Militar; y ahora el Rechazo al proyecto político y cultural de la izquierda del 4 de septiembre pasado.

La derrota del ideario de una izquierda elitista, globalista y especialmente desconectada con aquellos que paradójicamente dice defender, fue elocuente. Y precisamente por su distanciamiento con los anhelos de las clases más desposeídas es que el ambicioso proyecto sucumbió de manera irredargüible. Sin embargo sabemos que no cesarán en hacer de Chile un país socialista y dejarlo lejos de una economía libre que tantos beneficios ha traído a la sociedad. Alegra escuchar a quienes en el plebiscito de entrada estuvieron por el apruebo, ahora reivindican con seguridad y cierto orgullo lo realizado por el país los últimos treinta o cuarenta años de historia nacional.

Tenemos entonces dos bloques claramente diferenciados en la política nacional: un 38% que estuvo por refundar el país y votó apruebo en el plebiscito recién ocurrido. Este es un voto duro e impermeable a la realidad. Y por otro lado un voto de derecha que desde el año 1988 no baja del 43% del electorado, dato que podemos tomarlo sin temor a equivocarse del plebiscito de ese año y de la última elección presidencial. Una generación nueva ha crecido y este porcentaje no baja, lo que es digno de análisis en el concierto latinoamericano. El saldo del 19% corresponde hoy por hoy al llamado centro político que ha sido carcomido más por la izquierda radical que por la derecha. La crisis de la Democracia Cristiana en particular y el término de la Concertación dan cuenta de este hecho. Síntoma también de este fenómeno es la aparición de los Amarillos que tuvo un particular éxito en transmitir su mensaje en la campaña del plebiscito y que ahora pretende convertirse en un partido político para intentar llenar el descampado centro político.

Teniendo en cuenta estos datos a la izquierda radical se le enfrenta desde la centralidad y no desde la trinchera ideologizada del extremo opuesto. Debemos pasar página al enfrentamiento y odio por el bien supremo del país y dar una alternativa de derechas, sin complejos y con propuestas basadas en la libertad, la justicia y la solidaridad, valores que no son plenamente compartidos por ciertos sectores de la izquierda para quienes la libertad es relativa; la justicia es sólo social y no basada en el esfuerzo y superación personal; y la solidaridad sólo puede provenir del Estado y no de individuos conscientes y éticamente responsables.

Mientras muchos en la derecha dan perdida la batalla cultural, la realidad muestra un dato en contrario, porque hay que insistir en que el ideario de la ultra izquierda que es altamente ideologizada, varó el 04 de septiembre; fue un frenazo para muchos insospechados, pero que dejó al descubierto las debilidades de esa izquierda y el espíritu indomablemente libertario del país.

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